entrevista a le voyeur

Nos encontramos ante uno de esos proyectos que para la mayoría supondrá un enorme reto. Le Voyeur vuelven con un complejo trabajo titulado Episodio Aparentemente Letal que nos abre las puertas a un mundo lleno de referencias que descubrir o revisitar. La cuestión es no dejar indiferente y hacer que nos planteemos asuntos que nos lleven lejos de la monotonía que nos invade a diario. Canciones creadas para hacer pensar, para criticar o para defender posturas y acciones que nos persiguen día tras día. En definitiva, un álbum hecho para prestarle atención y quizá despertar de un letargo inconscientemente adquirido. ¿Te atreves?

Entrevista: Carlos Fernández
Fotos: Sara Garle

¿Cómo os encontráis de cara a descubrir por fin este trabajo?

Estamos muy contentos porque ha sido un proceso muy largo. Ha sido un proceso como de transformación, una búsqueda de nuevos caminos estilísticos y también poéticos, aunque sigue ahí latente un sello referencial a la parte más renacentista, por decirlo de alguna manera, de recuperar la tradición de los cuentos de los hermanos Grimm o recorrer la mitología clásica adaptada al siglo XXI y cómo funciona todo esto hoy en día que estamos como encapsulados en granos de píxel. Somos como islas pequeñitas en una fotografía, un píxel pequeñito de todo eso. Y eso en la parte poética o lírica, luego en la parte musical digamos que el giro de Le Voyeur Méndez que era el proyecto previo, a Le Voyeur, ha ido desde el terciopelo, el cabaret, el olor a madera, el whisky, Tom Waits a un sitio más eléctrico, más cloud rock, post punk, más noise, una cosa más hacia la distopía contemporánea en la que vivimos o sea esa forma que iniciaron Ballard o Bradbury o grandes escritores que hablaban de una ciencia ficción que ya era real en ese momento y ahora se ha convertido en la post verdad.

 

Tenéis entre manos un álbum de los de escuchar muy atentamente para poder descifrar los mensajes. Por un lado es positivo para vosotros porque os obliga a esforzaros más creativamente hablando, pero por otro un poco arma de doble filo para llegar a un público que parece que está acomodado en música de consumo rápido.

Es hacerles ver que existe esa forma de re-educación. Hay que enfrentarse cara a cara al tratamiento lúdico para descifrar los nuevos códigos en los que vivimos, esa es una de las vertientes de este Episodio Aparentemente Letal, y la otra tiene que ver con encauzar eso de una manera musical mucho más contemporánea, porque Le Voyeur Méndez era como una especie de nicho poético aterciopelado; ahora al ser más contemporáneo la gente entra directamente por la música, como cuando escuchábamos a Waits, Dylan o Iggy Pop, hasta que no tenías cierto nivel de inglés o inquietud por buscar la traducción de las letras tú no sabías lo que significaban. Esto nos lleva a reinterpretar el presente, es lo que ha hecho que en este camino se junten esas dos cosas. Es un arma de doble filo, necesaria. A día de hoy hay que ofrecerla, no quedarse sólo en el aspecto lúdico, pensar en el aspecto trascendental de aunque sea un grano de píxel.

 

Si echamos la vista atrás, la música siempre ha sido un vehículo para el despertar de la gente y efectivamente cada día más se ha ido perdiendo el elemento de protesta y cogiendo fuerza el aspecto simplemente lúdico y eso haga que no se valore tanto. Pero creo que sí que es verdad que algunas bandas estáis apostando por tomar las riendas de ese espíritu social que se estaba desvaneciendo.

Claro, tiene que ver con decidir para qué y para quién quieres crear. Lo que pasa que cuando tú pones en el foco al espectador en estos tiempos tienes que hacer algo desde la urgencia y lo inmediato, lo caduco. Probablemente hoy en día el 99% de los discos acaban caducando porque no dejan de ser fórmulas de canciones re-escritas cien millones de veces. Ese es el lugar que hemos intentado modificar. También tiene que ver con la forma de consumo. Si es urgente tú tienes menos posibilidades de llegar a más público, si es más pausado, más cocinado a fuego lento, te permite que el oyente entre en un submundo. Entrar en este Episodio Aparentemente Letal, es entrar en un submundo referencial y sinestésico porque nosotros muchas veces componiendo hablamos de Bacon, de Caravaggio, de cuadros, de autores… Es decir que hay una parte como muy tangencial dentro de la música que hacemos que se entronca con otras artes y que desarrolla un mundo interior propio. Muy poca gente se atreve a cruzar esa puerta porque altera sus procesos vitales habituales, las rutinas. Desde ese punto sí que creo que hay un despertar. Desde el punto de vista crítico pasa una cosa, que es lógica también, vivimos en una época de “infoxicación”, todo el exceso de noticias, de información que nos llega de los medios, viene totalmente envenenado por el tiempo y la circunstancia política de cada país y de cómo está el mundo. A la hora de componer las canciones, me lo planteo desde el aspecto de la trascendencia y no del lúdico. Ese es un poco el amalgama de cosas que viene a ser esta nueva etapa de Le Voyeur.

 

Es un proyecto que se complementa mucho con la parte visual. Los videoclips añaden peso a las canciones, lo cual también es un reto. Vamos, que no os aburrís.

[Risas] Sí, somos un buen equipo creativo. Piensa que desde que te llega a ti el disco, lo primero que te encuentras es con una pintura hiperrealista de Borja Buenafuente, que es uno de los pintores más espectaculares vivos en este momento. Descifrar de donde viene Episodio Aparentemente Letal desde la pintura, desde la referencia poética, la música… al final es rock, intentando volcarse en cierta vanguardia. Como forma parte todo de una investigación, se cocina todo desde una parte contraria a la urgencia, se cocina desde la reflexión. Todo el engranaje, los videoclips, que después de haber publicado el de Que Bello Es, pronto estrenaremos el de Stalingrado, que sin desvelar nada te diré que es de una pareja que vive atrincherada en un mundo distópico reconstruyendo móviles e inyectando células cancerígenas como desde un episodio de “Black Mirror”. De ahí viene toda la semántica de la post-verdad, de qué realidad estamos construyendo. Es un engranaje de un equipo artístico más grande, no sólo se basa en unas canciones sino en un proyecto más ambicioso.

 

 

El disco es producto además de una de las iniciativas colectivas más en auge, el crowdfunding. 

Yo no sabía que iba a tener esta repercusión en las entrevistas lo del crowdfunding, pero la tiene y te das cuenta de que es por una razón: los que mueven el panorama artístico son los mecenas, y el micromecenazgo permite que los pequeños nichos de mercado se muevan y distribuyan a sus prescriptores. Ese poder del micromecenazgo particular es el que ha ayudado a que este disco salga adelante. Sería algo similar a cuando en el Renacimiento, los Medicci, pedían un retrato del Papa.

 

Algo que me gusta bastante más de nuestra época que de la del Renacimiento en cuanto a mecenazgo es que entonces, el mecenas, imponía su criterio y sus preferencias al artista, mientras que el crowdfunding actual se basa únicamente en la confianza que se tiene en el trabajo del artista.

Exacto, ese es el diferencial y lo que te permite trabajar desde otro punto de vista. Es verdad que luego por ejemplo a Caravaggio le pagaban lo que fuera por un retrato y luego él se iba por las tabernas, se follaba a las putas y hacía lo que le salía de dentro, de donde realmente viene el arte. Pero en la música pasa lo mismo, los encargos están ahí, los mecenas siguen siendo las editoriales que te encargan canciones para otros artistas, ahora mucho menos, lo que pasa que ahora como se ha democratizado tanto la manera de grabar un disco y de distribuirlo, tenemos la posibilidad de que el exhibicionismo esté al alcance de todo el mundo. Eso tiene la parte buena de que generamos más cantidad pero evidentemente la calidad disminuye.

 

También, cada uno considerará calidad cosas diferentes.

Claro, es creer en un discurso. El problema que veo precisamente es la falta de discurso en el 90% de las bandas de hoy en día. Al final todo se convierte en canciones; todo vale, pero cualitativamente eso hace que la ley del mercado justifique que lo que tenga que coexistir con la industria sea lo más inmediato y lúdico. La gente utiliza la música para divertirse, no para transformar, es la diferencia que nos podemos encontrar hoy en día. Es la realidad en el ámbito artístico, las apuestas más personales, arriegadas y originales son las que se quedan en las estanterías de las tiendas o del big data, el error 404 “not found” [risas].

 

Quiero imaginar que la música tiene como finalidad emocionar, sea la emoción que sea, pero que la finalidad es que te despierte unos sentimientos, de cualquier tipo. Sin embargo, creo que vamos por un camino en el que parece que es malo tener cualquier tipo de sentimiento.

Creo que el problema de todo eso tiene que ver con la moralidad. Al fin y al cabo eso siempre ha existido, tiene que ver con el arraigo cristiano que llevamos en la espalda, y esa carga de entender qué es lo que está bien o mal… Estamos hartos de que censuren canciones en la radio. Si tú censuras algo en tu radio, impides un desarrollo artístico desde ese medio. Ese es el problema, que vivimos en un mundo demasiado moral aún, y cada vez más en la forma, porque en el fondo todo el mundo tiene pensamientos impuros, piensa en asesinar al vecino… Evidentemente eso tiene que pasar por un filtro. Nos iría mucho mejor vivir en un mundo más amoral y no con eso quiero decir más anárquico, más amoral.

 

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